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lunes, 30 de julio de 2012

La Creatividad


Una vez estaba en Francia y estaba a punto de dictar un seminario. Al lado mío una pareja de dos hombres y una mujer. Los tres hablaban de sus cosas, pero note que uno de ellos tenía un discurso fluido y suelto, mientras que el segundo buscaba imitar al primero. Empece a sonreír porque había comprendido de inmediato la situación.

El problema consistía en el hecho de que el primero era un creativo, mientras que el segundo era su imitador.

La creatividad es una cualidad innata. Existe o no existe. Ciertamente, es posible seguir caminos que ayudan a desarrollar la fantasía, pero no serán nunca como los poseedores de la creatividad desde el nacimiento.

Esa es una virtud que emana pensamientos y emociones fuera de la “norma” lo saben bien los creativos, personas que visten un poco extraño, un poco cerradas en sí mismas, un poco extravagantes.

Naturalmente, existen también creativos muy sociables, y en general buscados por sus ideas por un montón de amigos.

Intentar imitar a un creativo es tiempo perdido, la imitación resultaría una pésima copia del verdadero creativo. El creativo siempre tiene ideas, las pone en práctica, las comparte, las difunde, cosa que quién lo imita no lo sabría hacer.

Me ha pasado más de una vez observar como alguno se ha acercado a imitar un creativo.  La impresión era de compasión al ver esas personas buscar hacer algo que no era de su competencia.

El creativo captura sus propias ideas del Espíritu, mediante la observación de los fenómenos naturales.  A diferencia, el imitador busca de reproducir aquello que ha visto hacer y en general lo hace “mal”.

Incluso algunas frases dichas por un creativo pueden ser repetidas por el imitador, buscando de esta forma aparentar aquello que no es. Pero no se da cuenta de la pobre imagen que da.
Imagínate ver la “Mona Lisa” pintada por un pintor y que toma el cuadro como suyo. Quizás cambiando algunos de los elementos que ha puesto Da Vinci. Por supuesto que sabe pintar, podrá incluso ser un gran imitador, pero la idea que cuenta ¡no es suya!

Ahora imagínate de observar una persona que busca imitar un comportamiento,  parece falsa, distorsionada.  Pero no todos se dan cuenta, sobre todo aquellos que no han visto al verdadero autor.

En la música existen canciones copiadas de tal modo que pueden parecer distintas del autor que las ha escrito, pero un atento oído musical no se deja engañar por el plagio.

Un comportamiento exageradamente dulce, amable, conciliador, podría ser la copia de otro, que al contrario, en ciertos momentos puede resultar duro o severo. Claro que podría gustar mas el segundo, pero un análisis cuidadoso sobre esta persona que fuera por ejemplo, un maestro, de eso no se aprendería nada porque su indulgencia esconde un no saber. Se podría aceptar su indulgencia y gentileza, pero no una conciencia auténtica, no una conciencia abierta y no una conciencia del ser adquirida.

Prueba imaginar una persona que habla en público con soltura, seguridad, competencia y luego observa a su imitador, notarás la diferencia.  La torpeza en el hablar, las expresiones verbales, los movimientos mismos.

¿Conoces a alguien que busca imitarte? Obsérvalo y sonríe.

No te preocupes si alguno busca imitarte, ni siquiera hincharía tu ego. Si tú eres un creativo, lo eres de nacimiento y ninguno en el mundo podrá jamás imitarte o parecerse a ti.

¿Has visto imitadores, a parte de aquellos divertidos de la TV?  Si te sucede de observar sus expresiones cuando hablan de alguna cosa de aquello que dicen ser expertos y luego le hacen preguntas relativas a otro tema. Los verás cambiar de expresión, el modo de expresarse, y muchas cosas más. Verás realmente como son cuando no imitan a alguno que piensan es superior o que incluso envidian.

Pero no te asombres, el mundo está dividido en dos categorías: Los creativos, y los imitadores de los creativos.

A veces me ha pasado de dar tareas a algunas personas, sin darles indicaciones sobre cómo hacerlo. Los creativos lo hicieron muy bien, mientras que los imitadores se limitaron a tomar ideas obsoletas y anticuadas.

¿Existe una solución?

¡Si¡ ser uno mismo. Con todo el corazón, con la justa sensibilidad, con la modestia necesaria. 

Sólo así serás apreciado.

Años atrás viene a mí un joven de 30 años, que quería expandir el negocio familiar, pero no sabía cómo hacerlo.  Aquello que había hecho era solamente aconsejarse de una empresa experta.  Sin embargo, dado el costo, prefirió hacerlo solo. Cuando vino a mí, la empresa familiar, gracias a los errores cometidos por el joven, estaba casi en la quiebra. ¿Por qué? Porque había buscado imitar al padre sin tener el carisma, la capacidad de ser emprendedor, y de comunicar con los empleados y operarios.  Adoptó la solución obvia. Dejar nuevamente a su padre la dirección de la empresa. Seis meses después, la empresa estaba en pleno auge, de nuevo.  La creatividad y las habilidades habían vuelto a la persona justa.

Y a propósito de habilidades, a menudo los imitadores no tienen ninguna habilidad de quien imitan, solo los aspectos exteriores.  O sea aquellos imitables.  La habilidad no es posible imitarla, se debe conquistar. Se logra “haciendo”. Ensayo y error son infaltables pasajes para que tengan lugar, pero sin estos pasajes, ninguno podrá nunca decir de ser competente en alguna cosa que solo ha visto hacer.

Este artículo quiere ser una indicación para aquellos que quieren ponerse en “la justa”. 

Deseando haberles dado alguna idea.

Os saludo
Pablo O. París

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