Hace algún tiempo, conocí a
una persona que se lamentaba de diversas adversidades que la vida le proponía.
Era un hombre de unos 40 años de edad, casado con una hija. Tenía un buen
trabajo, ganaba bien y recibía amor de su esposa y de su hija.
Sin embargo, se lamentaba de
su desdicha en las relaciones sociales, tenía poquísimos amigos, no salía casi
nunca con ellos y cuando salía de casa para el fin de semana, las únicas personas
con las que andaba era su esposa y su hija.
A pesar de que podría parecer
normal, el hecho de no tener una vida social lo derribaba. Le pregunté si tenía alguna
pasión, si amaba cualquier deporte u otra cosa. Me respondió que esquiaba
con su familia, alguna vez había jugado al gol, pero luego se habían cansado. No conseguí encontrar nada
que me hiciese venir a la mente una solución.
Entonces tuve una idea.
