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miércoles, 19 de septiembre de 2012

La adversidad


Hace algún tiempo, conocí a una persona que se lamentaba de diversas adversidades que la vida le proponía. Era un hombre de unos 40 años de edad, casado con una hija. Tenía un buen trabajo, ganaba bien y recibía amor de su esposa y de su hija.

Sin embargo, se lamentaba de su desdicha en las relaciones sociales, tenía poquísimos amigos, no salía casi nunca con ellos y cuando salía de casa para el fin de semana, las únicas personas con las que andaba era su esposa y su hija.

A pesar de que podría parecer normal, el hecho de no tener una vida social lo derribaba. Le pregunté si tenía alguna pasión, si amaba cualquier deporte u otra cosa. Me respondió que esquiaba con su familia, alguna vez había jugado al gol, pero luego se habían cansado. No conseguí encontrar nada que me hiciese venir a la mente una solución.

Entonces tuve una idea.


El individuo la mete en práctica y tres meses más tarde tenía un montón de amigos y su vida social era finalmente real y feliz.  

Os estaréis preguntando: ¿cuál era la idea?

En realidad era una locura…

Le sugerí que inscribiera a su familia a un club de tenis, y de hacerles aprender a jugar. El no debía hacer otra cosa que acompañarlas y recogerlas, dado que la hija, quinceañera, no tenía la licencia de conducir y el club estaba lejos de su casa.

¿Qué ha sucedido exactamente? Que cuando iba a buscar a la hija a veces debía esperar a que terminara la clase. Mientras esperaba estaban otros padres con los cuales comenzó a hablar. Poco a poco, entre ellos nació una amistad, comenzaron a salir a cenar con las respectivas familias, después a la montaña al mar y para el fin de semana.

La persona en cuestión era culta y simpática y lo buscan por estas características
A diferencia, otra persona, una mujer viuda, vivía en soledad desde hacía dos años, veía a su madre una vez a la semana y luego permanecía sola.

Vivía con la pensión de viudez del marido y no veía a ninguna persona.

Para ella, las  dificultades eran múltiples.  Cuarentona, sola, sin afectos aparte del de su madre, sin amigas porque éstas hacían parte de los amigos de su marido y cuando él se fue, no las frecuentó más.

Incluso en este caso, le pregunté qué cosas hacía antes, si frecuentaba algún club u otra cosa. Me responde que ella no acompañaba nunca a su marido ávido jugador de bridge.

Pero esto no era todos. La pensión que recibía le alcanzaba para pagar la hipoteca de la casa y pagado esto no le quedaba mucho para sí misma.

La viuda no tenía cuidado por ella misma, sin maquillaje y con una voz casi ronca.
Desde el momento que estaba en Turín, le sugerí que iniciara a frecuentar la “Famia Turineisa” un club para los Turinenses.

No debía hacer nada más que vestirse un poco mejor y maquillarse un poco.

Con timidez, inició aquello que le sugerí, Y siendo ella, una mujer atractiva pronto llamo la atención de los hombres, que al principio le asustaban pero que sucesivamente le ayudaron a estimular una nueva visión de la vida. No solo eso, estando sin trabajo, le fue propuesto del presidente del Club de hacer un trabajo para el club mismo, organizando salidas, viajes, encuentros, etc.

En algunos meses su vida cambió. Encontró un nuevo amor, y un año después de volvió a casar.

Las adversidades de la vida se deben abordar con determinación y un poco de fantasía.

Algunas pueden resolverse en corto tiempo pero otras necesitan un mayor esfuerzo. El hecho es que todas las adversidades pueden resolverse siempre y cuando no se cierren en sí mismas, en el dolor y en la desesperación.

Además estar cerrado de por sí es una adversidad. ¿Por qué mantenerla?

La apertura mental y la disponibilidad son el secreto para superar la adversidad. DISPONIBILIDAD.

Palabra mágica, si no se es disponible aunque la solución está a la mano no se sabe coger. En realidad ni siquiera se es capaz de verla.

Sin embargo, existen personas que a pesar de que tienen dificultades más pesadas que aquellas descritas han sabido superarlas. ¿Conoces a alguien? Pregúntale cómo lo hizo.
Hacer preguntas es un modo sencillo para comprender, para tener mayores posibilidades, para conocer aquello que parece inexistente, para superar los momentos oscuros.

A mí me paso hace años. Pero no me he dejado llevar por la desesperación, al contario  he podido meter la adversidad en cintura y la dificultad vivida me había enseñado. 

Algunos podrían pensar que es una cuestión de carácter, pero el carácter ¡no es de piedra!
Le puedes dar forma, ablandarlo, hacerlo más abierto y disponible. Otra vez, la disponibilidad salta a la vista. Creo que es muy importante comprender su verdadero significado. Si se es disponible las cosas las obtenemos, en caso contrario, cada esfuerzo realizado cae a oídos sordos.

La adversidad es como un examen.

¿Cuántos exámenes hemos superado en la vida? ¡Muchos!

Tengamos en cuenta que las adversidades no son otra cosa que una serie de exámenes que es necesario superar, en este caso, la nuestra sensibilidad e inteligencia vendrán en nuestra ayuda.

Si en lugar nos abandonamos a la consideración de que no es posible, Será verdaderamente imposible.

Pero sabemos todos que al ser humano le es dado el superar todos los exámenes que el buen Dios les propone, o si se prefiere que lo vida misma es propone.

¿Te imaginas un Dios que te propone problemas sin solución?  Sería una locura. El Universo no está loco, extravagante si lo quieres, pero cuando te propone un examen lo hace sabiendo que dentro de ti existen las posibilidades para resolverlo.

Quejarse podría ser la primera cosa que se hace, pero después se debe encontrar la solución. TY teniendo en cuenta que ésta, existe en virtud de la adversidad que se vive, lo único que podemos hacer es afrontarla.

 A veces se necesita ayuda de alguno a veces es posible hacerlo solo. De hecho siempre se obtienen resultados.

Si por casualidad te encuentras en una situación de adversidad, te deseo que este articulo te haya dado motivos suficientes para superarla, cualquiera que ésta sea.

Una última cosa.

Queda mucho por hacer.

¿Qué? Dejo a cada uno la libertad de profundizar dentro de sí, lo que hay que hacer.

Estoy seguro de que el que busca, encuentra.

Un saludo,
Pablo O. Paris.









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