La persona incapaz de ser responsable es también incapaz de
ser libre. Mejor aún es incapaz de reconocer su propia libertad.
Ser responsable es una cualidad que todos deberíamos tener,
pero es muy incómoda…
A diferencia de la pretensión de libertad es una paradoja
porque se es siempre libre, incluso cuando no se reconoce.
El hecho de negar la propia responsabilidad es como negar la
propia libertad. Es decir, es la paradoja.
Muchas personas creen que ser responsables equivale a ser “culpable”
pero dado que la culpa NO EXISTE, el
considerarse ser responsable de ese modo, es inadecuado.
Parece imposible que la libertad esta ligada a la responsabilidad,
pero de una atenta observación nos es claro que ser libre significa justo ser
responsable y con orgullo.
Sentirse orgulloso de ser responsable hace del ser humano un
individuo consciente.
La conciencia del ser es la cosa más preciosa que se puede
tener, sin ella seríamos… mamuts.
Esto sin duda, nos eleva. La elevación personal espiritual
deriva de un comportamiento preciso, autentico, sin dudas sobre si, y lleno de
certezas.
Estar en la certeza de ser libres nos pone en la condición de
ser contemporáneamente responsables, causativos y orgullosos de serlo.
Solo es siempre el miedo que nos pone en la condición de no
ser aquello que realmente somos: Instancias divinas “momentáneamente” olvidadizas.
Todo el trabajo que se realiza es solo buscar en la
conciencia profunda aquel fuego interno que nos recuerda quiénes somos, de dónde
venimos y cuál es nuestro verdadero propósito.
Ciertamente, no es simple, hace falta una participación diaria,
serenidad de ánimo y determinación.
Recuerda alguna vez que sabias exactamente una cosa… ¿cómo
te sentías?
y es ahí cuando te acuerdas de saber “aquella” cosa, nuestro
trabajo es mantenerla viva.
Si después te propones también transmitirla a otras
personas, bien, tu trabajo es excepcional.
Haz lo que creas mejor para ti, y también para los demás.
¿No somos acaso todos UNO?
