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domingo, 21 de octubre de 2012

Diálogos con Carlos Castaneda I parte


Como había prometido tiempo atrás, traigo parte del dialogo sostenido con Carlos Castaneda. Del momento, no me ha sido posible grabar nada, todo aquello que escribo es fruto de mi memoria y de algunos apuntes tomados inmediatamente después, por eso, podrían haber algunas imprecisiones sobre la dicción correcta de las palabras de Castaneda, pero no el sentido y la coherencia.

“La mayor dificultad que encontré con Don Juan, como creo que la ha has encontrado tu también con Martín  es comprender el vocabulario, no propiamente objeto de verbalización entre los estudiosos de cualquier disciplina” Así inicio Castaneda.

“El lenguaje usado por Don Juan estaba decididamente fuera de cada lógica por mi conocida y me tomo tiempo comprenderlo. Solo mas tarde el mismo lenguaje se convirtió en familiar y yo mismo no conseguía expresarme como antropólogo, sino como chaman”.

“Una de las afirmaciones que me asustaron más fue cuando Don Juan me dice: “No hay voluntarios para la vía del guerrero, una persona debe ser obligada a seguirla, en contra de su voluntad”.

También recordé que Martín me “obligo” con una estrategia a convertirme en su discípulo. El sistema cognitivo del iniciado es muy diferente de aquel que no lo es. Si no se aprende ese sistema cada palabra del maestro o del chaman suena vacía e incomprensible.

La racionalidad que podría empujar a un hombre o a una mujer a seguir la Vía  no son nunca las auténticas motivaciones, son solo las excusas que cada uno se da para recorrer un sendero que a los demás les parece una locura.


“Cuando tú has seguido a Martín  has asumido la responsabilidad de guiar grupos, pero no sabias lo que significaba. La misma cosa es válida para mi, cuando Don Juan me sugirió de ser mentor de alguien”

“El ser humano es perceptivo, pero no sabe lo que es percibir. El discípulo de cualquier vía aprende a conocer lo que percibe” dijo Castaneda otra vez.

Martín me había dicho de no tener nunca expectativas con el fin de no caer en las trampas de la desilusión.

“La sabiduría no deriva directamente del desapego, mas bien, del considerar que el desapego es fuente de sabiduría” Continuo Castaneda.

En el cuerpo humano están presentes habilidades que las personas ni se imaginan de tener, y sin embargo, es solo en eso que ellos viven y se representan. Tú podrías tener de Martín una enseñanza silenciosa, porque tu cuerpo lo ha absorbido” Dice sonriendo Castaneda.

En efecto, me sucedió más de una vez ver a Martín realizar extrañas acciones y luego decirme: ¿Has visto? Ahora, ¡hazlo tú!

No era fácil repetir lo que había visto, pero Martín sostenía que era un imitador de lo invisible y que, entonces, podía hacer lo que él acababa de hacer.

Me tomó años hacer algunos ejercicios, pero al final de improviso lo conseguí con facilidad sin saber como lo había hecho.

“Yo era gordo y fumaba, escuchaba sin oír  pero Don Juan no se preocupaba mínimamente de esto. Pero un día empecé a perder peso y a dejar de fumar, me había engañado para obtener lo mejor de mí y para mi” Dijo Castaneda.

¡Afortunadamente nunca he sido gordo! Y el hecho que fumara a Martín no le importaba “Total un día lo dejarás” decía Martín.

“Existen personas que viven en un estado de infelicidad porque retienen cosas inútiles, pero el miedo a renunciar a los beneficios que esas cosas les dan, les impide desapegarse. Piensa que podrían hacerlo en una fracción de segundo”. Continuó Castaneda.

En mis seminarios defino esas cosas y las ventajas secundarias.

“Para un guerrero, el desatino controlado le permite realizar cualquier acción. Durante la observación superficial de ciertas acciones podrían parecer malas, pero para el guerrero, son solo acciones de poder y esto es el motivo único por el que las cumple. Y no influye el hecho de que otros puedan pensar que son malas. En realidad no pueden serlo porque de otra forma no las hubiese podido acaecer” Continuo Castaneda.

A diferencia, Martín me sugirió pensar que si una acción que hubiese querido cumplir me la hubiesen hacerlo a mí ¿Como me habría quedado?

Pero esta es la enseñanza de Cristo, diferente a las enseñanzas chamanicas Toltecas impartidas por Don Juan. Incluso si él no aceptaba la venganza, sugería el acecho para igualar la disputa.

“Según don Juan, es el águila quien determina si un guerrero es digno o no, y solo confiándose al intento se podría alinear a aquello del águila” Decía Castaneda.

Sólo hay un punto desfavorable al chaman  el hecho de que aunque viviese cien años no conocería todo de la vida porque ésa está inmersa en una infinidad de dimensiones. Pero puede deslizarse sobre el águila cuando se va de este mundo y cumplir todas las elecciones que no ha cumplido en vida con el cuerpo físico” Continuo Castaneda. “Aunque han existido chamanes que para adquirir mayor conciencia han logrado vivir más de mil años”. Termino Castaneda.

Martín sostenía que todo aquello que vivimos con el cuerpo físico lo llevamos con nosotros después de la muerte, por esto insistía en morir con conciencia del ser. “Solo de este modo no se tendría que lamentar que te estás encerrando nuevamente dentro de un cuerpo físico”.

“La cólera que probamos hacia alguien nos obliga a darle importancia. Pero esto nos limita a percibir el infinito. Y un día todos estaremos llamados a percibir, así que es mejor ahorrar la energía que se invierte en la cólera para facilitar esta tarea” Explico Castaneda.

Estoy de acuerdo, aunque en ciertos momentos controlar la cólera no me era tan fácil…

Por otra parte la Vía que he recorrido no fue fácil. Ciertamente, la ayuda de Martín ha sido esencial, pero sin mi buena voluntad ninguna ayuda habría podido conducirme a comprender. “Comprender es todo aquello que debes hacer, el resto es solo una lógica consecuencia” Decía Martín.

“Comprender y saber” dijo Castaneda “El saber en este sentido, para el guerrero, es alguna cosa que llega de improviso, lo envuelve y después se desvanece. Pero permanece la conciencia del ser” agrego Castaneda.

“Para seguir el camino del conocimiento se necesita mucha imaginación desde el momento en que nada es claro es evidente la necesidad de hacer fluir la imaginación y extraer las deducciones. Pero para ello necesitamos sobriedad y humildad” Continuo Castaneda.

Martín sostenía que la humildad era una cualidad de cultivar, a diferencia del orgullo y la presunción que se deberían dejar.

Esta es solo una parte del discurso hecho con Carlos Castaneda en 1992 en los Ángeles.
Prometo continuar los diálogos en los próximos artículos

Un saludo a todos,
Pablo O. Paris

















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