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jueves, 8 de noviembre de 2012

Diálogos con Carlos Castaneda 2º parte


“En mis trece años con Don Juan, he tenido que esforzarme muchísimo para comprender la distinción que él hacía entre la locura ordinaria y aquella controlada. Todos según Don Juan estamos locos sin saberlo. El guerrero sabiéndolo está en grado de controlar su locura” Dijo Castaneda.

“La locura se da por creer que lo que vemos es real y nos comportamos en consecuencia” Continúo.

“Pero si por un solo momento nos diéramos cuenta que nada de aquello que vemos es real, sino solo una manifestación de la energía, entonces tendremos la posibilidad de manipular la energía, transformarla y hacerla útil para cada cosa” Me dijo otra vez.

Martín me había mencionado muchas veces esta posibilidad, pero diciendo también que la energía así concebida era tan solo para quien la viese.


Entonces, le he dicho: “La energía seguramente podría ser usada de una forma más eficiente, pero solo por aquellos que la ven. Todos los demás deberán aprender a verla, cosa que creo es difícil, aunque solo sea por falta de instrucción y para la mayoría que no la ve deberá confiar en aquellos que la ven, pero se convertiría en un acto de fe”.

“No, no sería fe, sino confianza. En cuyo caso sería la misma cosa,  deberían fiarse de aquellos que la ven. Pero, ¿Con cuál certeza una persona normal lo haría? Pregunto Castaneda.

 “Creo que solo quien se fíe del vidente” He dicho.

“Ya, y ¿Quién serían estas personas? Te lo digo yo, todas aquellas que se fíen de cualquier tipo que les prometiese a ellos ventajas. Pero no estarían dispuestos a hacer nada para tenerlo. Tal vez pagarían, pero este no es el punto, muchos tramposos se harían pagar para leer el futuro, nacerían videntes como las hormigas.  Gente de mala fe que se aprovecharía de la credulidad de muchos”. Afirmo Castaneda.

“Y entonces, ¿Cómo sería posible transmitir una conciencia de este género sin incurrir en trampas? “ Le pregunté.

“Tú lo estás ya haciendo. No te preocupes por aquellos que no entienden seguir la Vía que has recorrido tú. Deja que vengan a ti aquellos que sientan el fuego interno. Serán ellos los verdaderos videntes. Todos los demás… vivirán la vida desde otro punto de vista, el de los ciegos, el de los sordos o el de los fieles, que en el fondo es la misma cosa” Afirmó con fuerza Castaneda.

“Cuando me decidí a escribir mi primer libro, no tenía la mínima idea que habría tenido el éxito que ha tenido. En realidad me lo sugirió Don Juan. Me lo dijo porque tomaba tantos apuntes. Y cuando le pregunté qué cosa habría hecho, dado que en el fondo aquello que hacia lo hacía sin leer nada, me dijo que escribiera un libro, Y yo lo hice” Dice sonriendo Castaneda.

“Escribe uno tu también”, continuo “Entonces veremos qué pasa”.

Y escribí uno inmediatamente. Luego dos mas y luego mas. Pero ninguno ha sido traducido en otras lenguas sino últimamente en croata y húngaro.

De los primeros libros he vendido miles de copias, de los otros muchos menos. La casa editorial se negaba a traducirlos, a pasar de las ganancias que habían tenido. Misterios de la editorial… ¡esto es lo que pasó!

Ahora estoy por publicar con mi propia casa editorial, otros volúmenes… ya veremos qué pasa.

“Volviendo a la energía” – Continua Castaneda – “Está en continuo movimiento. Todo depende de nosotros digerirla  donde mejor creamos.   Pero respetando la voluntad del águila, que para ti sería el Cristo. No somos capaces de determinar nada salvo nuestra impecabilidad. Es esta la tarea del guerrero. Nada más. Cuando se ha desarrollado de forma impecable, es feliz y no pide nada mas a la vida”. Termino Castaneda.

“Martin me ha enseñado que la impecabilidad, como la defines tú es determinada del correcto pensar, el correcto hablar y el correcto hacer” Le he dicho.

“Es solo otra forma para definir la misma cosa. Pero eso está muy bien para el guerrero, otros no serían capaces de seguir estos principios. Lee las cosas que escriben en los periódicos, es la comunicación. ¿Te parece auténtica?”, Concluyo Castaneda.

“Por supuesto que no, pero tal vez escriben aquello que el público quiere leer” le dije.
“No es una casualidad, Escriben aquello que quieren que el público crea” Me corrigió Castaneda.

“No solo eso, sino ciertas informaciones son programadas desde hace meses y tienen la misión de conducir el pensamiento, las elecciones, las intenciones y todo cuanto es posible transmitir a un público vacío y carente de conciencia específica” Dijo Castaneda.

“Estoy de acuerdo, pero no todos están dispuestos a creer lo que dicen los periódicos” decía cuando me interrumpió para decir “Pero si has escrito sobre lo inverosímil, y sin embargo, muchas personas han creído todo cuánto han leído, ¿qué te hace pensar eso? Preguntó Castaneda.

“Que existen personas descerebradas “dije amargamente.

“El cerebro lo tienen, solo que no saben cómo usarlo, o seguramente lo usan para propósitos diferentes como es de esperarse, o sea escribir siempre la verdad. Termino Castaneda.

“Don Juan sostenía que la verdad asusta. Por esta razón hay pocos guerreros que llegan a serlo no por una elección, sino por un hecho determinado de un acecho del nagual” Dijo Castaneda.

“Por último, la verdad es un fenómeno incomodo. Las personas prefieren vivir sus sueños. Prueba a despertar uno que no quiere despertarse y dime si es posible” dijo Castaneda.
“Ni siquiera lo intento” le conteste.

“¿Aquí lo ves? No nos sentiríamos bien. Entonces, ¿Cómo puedes pensar que las personas quieren ver? Verían la verdad y esto es justo aquello que evitan constantemente” Sostiene Castaneda.

“La energía no es la única cosa que no quieren ver, sino ellos mismos, sus debilidades, sus pedazos, sus pensamientos mas escondidos. Sin contar todo el mundo que se han creado sin tener idea de cómo lo han hecho” Termino Castaneda.

“la primera vez que me viste, no viste solo mi cuerpo, sino también mi energía. Y yo he visto la tuya. ¿Recuerdas la estación del metro en Ciudad de México?” Pregunto Castaneda.
“Claro que me acuerdo, estaba muy impresionado por el vestido… y después de tu sonrisa. Cuando me has sonreído estaba seguro que eras tú” le dije.

“El vestido, por supuesto, e incluso los zapatos. Se puede ver todo de diferentes maneras y tú has elegido eso, pero solo en ese momento. Si me hubieses visto en otro momento habrías visto mi energía…quien sabe, además de mis guantes, o de mi sombrero. Con frecuencia tenemos la necesidad de una excusa para ver… y cada uno tiene la propia. Lo veo porque Don Juan he ha hecho trampas inimaginables y he tomado sustancias alucinógenas, pero después he visto porque sabía cómo hacerlo”. Preciso Castaneda.

“Mira alrededor y dime si ¿ves una sola persona que está en grado de ver?” Me invitó Castaneda.

Me gire hacia la vía principal, pasaban una docena de personas, y ninguno me dio la impresión de que sabían ver.

“No veo ninguno que…” “Te lo dije. Ninguno” Me interrumpió Castaneda.

“Y así podrían pasar por lo menos cien personas” dijo ahora
.
 “Tú me has dicho que eliges parejas para ciertos trabajos, ¿cómo lo haces? Pregunto Castaneda.

 “Observo la energía de las personas y luego las pongo juntas de dos en dos” Le respondí.

 “Bien, Observas la energía. ¿Qué te dice que esas personas trabajaran bien juntas? Pregunto de nuevo Castaneda.

“El hecho de que su energía o es similar o complementaria” respondí.

¡Muy bien, así que creas parejas y luego les dejas la tarea de comprenderse. Creo que ninguno te ha preguntado cómo debía hacerlo, pero trabajando juntos, han descubierto sus cualidades, similitudes o complementarias. Ese es un trabajo que sólo quien ve lo puede hacer. Nadie más.  Don Juan me recomendaba a menudo no mezclar mi energía con personas que tuvieran una energía discordante. Y siempre he seguido ese consejo. Para ti que tienes que hacer muchas cosas con muchas personas, puedo decirte de estar atento a quién darás tareas  de responsabilidad, dado que no podrás hacer todo solo. Terminó Castaneda.

¡Cuánta razón tenía!

Hasta la próxima

Pablo O. Paris












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