“En mis trece años con Don
Juan, he tenido que esforzarme muchísimo para comprender la distinción que él
hacía entre la locura ordinaria y aquella controlada. Todos según Don Juan
estamos locos sin saberlo. El guerrero sabiéndolo está en grado de controlar su
locura” Dijo Castaneda.
“La locura se da por creer
que lo que vemos es real y nos comportamos en consecuencia” Continúo.
“Pero si por un solo momento
nos diéramos cuenta que nada de aquello que vemos es real, sino solo una
manifestación de la energía, entonces tendremos la posibilidad de manipular la
energía, transformarla y hacerla útil para cada cosa” Me dijo otra vez.
Martín me había mencionado
muchas veces esta posibilidad, pero diciendo también que la energía así
concebida era tan solo para quien la viese.
Entonces, le he dicho: “La
energía seguramente podría ser usada de una forma más eficiente, pero solo por
aquellos que la ven. Todos los demás deberán aprender a verla, cosa que creo es
difícil, aunque solo sea por falta de instrucción y para la mayoría que no la
ve deberá confiar en aquellos que la ven, pero se convertiría en un acto de
fe”.
“No, no sería fe, sino
confianza. En cuyo caso sería la misma cosa,
deberían fiarse de aquellos que la ven. Pero, ¿Con cuál certeza una
persona normal lo haría? Pregunto Castaneda.
“Creo que solo quien se fíe del vidente” He
dicho.
“Ya, y ¿Quién serían estas
personas? Te lo digo yo, todas aquellas que se fíen de cualquier tipo que les
prometiese a ellos ventajas. Pero no estarían dispuestos a hacer nada para
tenerlo. Tal vez pagarían, pero este no es el punto, muchos tramposos se harían
pagar para leer el futuro, nacerían videntes como las hormigas. Gente de mala fe que se aprovecharía de la
credulidad de muchos”. Afirmo Castaneda.
“Y entonces, ¿Cómo sería
posible transmitir una conciencia de este género sin incurrir en trampas? “ Le
pregunté.
“Tú lo estás ya haciendo. No
te preocupes por aquellos que no entienden seguir la Vía que has recorrido tú.
Deja que vengan a ti aquellos que sientan el fuego interno. Serán ellos los
verdaderos videntes. Todos los demás… vivirán la vida desde otro punto de
vista, el de los ciegos, el de los sordos o el de los fieles, que en el
fondo es la misma cosa” Afirmó con fuerza Castaneda.
“Cuando me decidí a escribir
mi primer libro, no tenía la mínima idea que habría tenido el éxito que ha
tenido. En realidad me lo sugirió Don Juan. Me lo dijo porque tomaba tantos
apuntes. Y cuando le pregunté qué cosa habría hecho, dado que en el fondo
aquello que hacia lo hacía sin leer nada, me dijo que escribiera un libro, Y yo
lo hice” Dice sonriendo Castaneda.
“Escribe uno tu también”,
continuo “Entonces veremos qué pasa”.
Y escribí uno
inmediatamente. Luego dos mas y luego mas. Pero ninguno ha sido traducido en
otras lenguas sino últimamente en croata y húngaro.
De los primeros libros he
vendido miles de copias, de los otros muchos menos. La casa editorial se negaba
a traducirlos, a pasar de las ganancias que habían tenido. Misterios de la
editorial… ¡esto es lo que pasó!
Ahora estoy por publicar con
mi propia casa editorial, otros volúmenes… ya veremos qué pasa.
“Volviendo a la energía” –
Continua Castaneda – “Está en continuo movimiento. Todo depende de nosotros
digerirla donde mejor creamos. Pero
respetando la voluntad del águila, que para ti sería el Cristo. No somos
capaces de determinar nada salvo nuestra impecabilidad. Es esta la tarea del
guerrero. Nada más. Cuando se ha desarrollado de forma impecable, es feliz y no
pide nada mas a la vida”. Termino Castaneda.
“Martin me ha enseñado que
la impecabilidad, como la defines tú es determinada del correcto pensar, el
correcto hablar y el correcto hacer” Le he dicho.
“Es solo otra forma para
definir la misma cosa. Pero eso está muy bien para el guerrero, otros no serían
capaces de seguir estos principios. Lee las cosas que escriben en los
periódicos, es la comunicación. ¿Te parece auténtica?”, Concluyo Castaneda.
“Por supuesto que no, pero
tal vez escriben aquello que el público quiere leer” le dije.
“No es una casualidad, Escriben
aquello que quieren que el público crea” Me corrigió Castaneda.
“No solo eso, sino ciertas
informaciones son programadas desde hace meses y tienen la misión de conducir
el pensamiento, las elecciones, las intenciones y todo cuanto es posible
transmitir a un público vacío y carente de conciencia específica” Dijo
Castaneda.
“Estoy de acuerdo, pero no
todos están dispuestos a creer lo que dicen los periódicos” decía cuando me
interrumpió para decir “Pero si has escrito sobre lo inverosímil, y sin
embargo, muchas personas han creído todo cuánto han leído, ¿qué te hace pensar
eso? Preguntó Castaneda.
“Que existen personas descerebradas
“dije amargamente.
“El cerebro lo tienen, solo
que no saben cómo usarlo, o seguramente lo usan para propósitos diferentes como
es de esperarse, o sea escribir siempre la verdad. Termino Castaneda.
“Don Juan sostenía que la
verdad asusta. Por esta razón hay pocos guerreros que llegan a serlo no por una
elección, sino por un hecho determinado de un acecho del nagual” Dijo
Castaneda.
“Por último, la verdad es un
fenómeno incomodo. Las personas prefieren vivir sus sueños. Prueba a despertar
uno que no quiere despertarse y dime si es posible” dijo Castaneda.
“Ni siquiera lo intento” le
conteste.
“¿Aquí lo ves? No nos
sentiríamos bien. Entonces, ¿Cómo puedes pensar que las personas quieren ver?
Verían la verdad y esto es justo aquello que evitan constantemente” Sostiene
Castaneda.
“La energía no es la única
cosa que no quieren ver, sino ellos mismos, sus debilidades, sus pedazos, sus
pensamientos mas escondidos. Sin contar todo el mundo que se han creado sin
tener idea de cómo lo han hecho” Termino Castaneda.
“la primera vez que me
viste, no viste solo mi cuerpo, sino también mi energía. Y yo he visto la tuya.
¿Recuerdas la estación del metro en Ciudad de México?” Pregunto Castaneda.
“Claro que me acuerdo,
estaba muy impresionado por el vestido… y después de tu sonrisa. Cuando me has
sonreído estaba seguro que eras tú” le dije.
“El vestido, por supuesto, e
incluso los zapatos. Se puede ver todo de diferentes maneras y tú has elegido
eso, pero solo en ese momento. Si me hubieses visto en otro momento habrías
visto mi energía…quien sabe, además de mis guantes, o de mi sombrero. Con frecuencia
tenemos la necesidad de una excusa para ver… y cada uno tiene la propia. Lo veo
porque Don Juan he ha hecho trampas inimaginables y he tomado sustancias
alucinógenas, pero después he visto porque sabía cómo hacerlo”. Preciso
Castaneda.
“Mira alrededor y dime si ¿ves
una sola persona que está en grado de ver?” Me invitó Castaneda.
Me gire hacia la vía
principal, pasaban una docena de personas, y ninguno me dio la impresión de que
sabían ver.
“No veo ninguno que…” “Te lo
dije. Ninguno” Me interrumpió Castaneda.
“Y así podrían pasar por lo
menos cien personas” dijo ahora
.
“Tú me has dicho que eliges
parejas para ciertos trabajos, ¿cómo lo haces? Pregunto Castaneda.
“Observo la energía de las personas y luego
las pongo juntas de dos en dos” Le respondí.
“Bien, Observas la energía. ¿Qué te dice que
esas personas trabajaran bien juntas? Pregunto de nuevo Castaneda.
“El hecho de que su energía
o es similar o complementaria” respondí.
¡Muy bien, así que creas
parejas y luego les dejas la tarea de comprenderse. Creo que ninguno te ha
preguntado cómo debía hacerlo, pero trabajando juntos, han descubierto sus
cualidades, similitudes o complementarias. Ese es un trabajo que sólo quien ve
lo puede hacer. Nadie más. Don Juan me
recomendaba a menudo no mezclar mi energía con personas que tuvieran una
energía discordante. Y siempre he seguido ese consejo. Para ti que tienes que
hacer muchas cosas con muchas personas, puedo decirte de estar atento a quién
darás tareas de responsabilidad, dado
que no podrás hacer todo solo. Terminó Castaneda.
¡Cuánta razón tenía!
Hasta la próxima
Pablo O. Paris

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