En el mundo ilusorio en el que vivimos, podemos ver algunas
cosas que a veces se nos escapan. Una de
ellas es la armonía de la forma.
Todo aquello que percibimos es forma, desde el pensamiento
hasta una casa, desde una emoción hasta un jet, desde un pedazo de pan hasta un
automóvil.
Es este contexto, sin embargo, no me refiero a la forma, en
cuanto a sustancia, que puede gustar porque es “armónica” en su materia, sino a
una forma de estar en armonía con la propia forma.
La forma es por sí misma “armónica” cualquiera que sea, pero
el estar en armonía con ella es un discurso más complejo
.
Imagina el estar
cómodamente sentado en una silla, si estas realmente cómodo puedes apreciar la armonía
de la silla, pero si te sientes incomodo no, sin embargo otros, en la misma
silla se sienten comodísimos.
¿Qué es lo que cambia? Nuestro estado. Que podría ser el
estado de ánimo o aquel físico, de hecho si se siente incómodo algo va mal y
entonces se debe buscar y comprender qué es.
Ahora imagina escuchar una pieza musical. También en este
caso la “forma” de la pieza es idéntica para todos, pero a algunos les gustara
más y a otros menos y a otros no les gustara nada.
Si consideramos que la “forma” es solo una modalidad
presente en el mundo material aquí viene en ayuda la conciencia. Ella nos guía
hacia el placer o al desagrado. Y tal vez podríamos intentar corregir nuestro
“sentir”, pero: ¿Por qué hacerlo? siempre es posible elegir aquello que nos
ofrece el mejor estado.
La “forma” es solo una de las infinitas posibilidades que
tenemos para experimentar este mundo.
Me gusta pensar que, bajo la apariencia de la forma, se
esconde en cambio, nuestra disponibilidad de vivir de un modo en vez de otro.
Este hecho nos hace mayormente conscientes de nosotros
mismos y de la forma como nos relacionamos con el mundo.
También la guerra es una “forma” pero a ninguno le gusta…
¡lástima que haya decenas ahora mismo!
Imagina el poder transformar con un golpe de “varita mágica”
la guerra en paz, ¡qué alivio! Nos gustaría a todos, quizá… el beneficio de la
duda lo dejo a aquellos que fabrican armas… para la industria farmacéutica…
para los “titiriteros”…
Sin embargo, aun ellos son una forma, invisible, oculta y
prepotente, pero siempre se trata de forma. Y nada más. ¿Existe algo sin forma?
Si: ¡El Espíritu!
Intenta darle una forma al Espíritu y he aquí que ya no es
tal, sino la forma que has recortado.
En cualquier caso este mundo ilusorio, la forma es una cosa
bellísima.
Algo que nos permite al menos dos cosas: Decidir y elegir.
Podría escribir una decena de páginas sobre este tema, pero
no es mi intención aburrir a nadie
Quien ha comprendido el concepto bien y a quien se le ha
escapado… que vuelva a leer el artículo.
Adiós, adiós.
Paolo Paris

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