Existe una enorme diferencia entre estar enamorado y amar.
El enamoramiento es un evento por el cual el individuo “ve”
a la persona como a él le gustaría, sin reconocer como es realmente, o por lo
menos cómo se presenta.
A diferencia de Amar, que significa dar amor
indiscriminadamente, o sea amar incondicionalmente.
En las parejas, existe el enamoramiento, pero sabemos que
eso podría terminar y no ser mas aquel vinculo que ha mantenido junta a la
pareja por todo el periodo de la relación.
El amor incondicional, a diferencia es un sentimiento que
no deja nunca de existir, que no prevé obligatoriamente una convivencia, estar juntos, tener hijos, formar una
familia, pero sobre todo ser consciente de que este tipo de amor se mantendrá en el
tiempo infinitamente. He escrito “infinitamente”,
es decir, no conectado a la materialidad de la otra persona.
He conocido pocas personas que son capaces de un amor así. Pero
ver a sus ojos cuando hablaban de otro es verdaderamente maravilloso. Vivo,
brillante, lúcido, agudo, sonriente, lleno de aquel sentimiento que he descrito
anteriormente.
Tengo la fortuna de conocer este tipo de amor, de vivirlo,
de nutrirme de él sin quitar nada a la
otra persona. Hoy en día es presente y soy feliz.
Es cierto que en el pasado me he enamorado, pero la
diferencia es verdaderamente importante, y
las palabras no lo pueden describir. Ciertas cosas o se sienten o no se
conocen.
Amar a una persona incondicionalmente significa respetar su
libertad, sus convicciones sin ninguna pretensión de cambiarla o convencerla de
hacer o decir aquello que le gustaría que hiciese o dijese.
Aprecio la sinceridad y si esta persona me hiciese una crítica
sobre mi comportamiento, seguramente la tendría en consideración tanto como si
me la hiciese el Papa.
¡También porque el Papa me importa un comino!
De vez en cuando, puedes creerlo o no, tengo algunas
conversaciones con Jesús Cristo, sus palabras, y sus signos, cada mínima
sugerencia hecha, la tengo no solo en consideración, sino que lo retengo como
el más precioso “dialogo” que nunca he tenido.
Ahora puedes pensar que soy in paranoico o que sufro de
alucinaciones, eres libre de pensar aquello que quieras. No me afecta en absoluto.
Mi vida es satisfactoria, de esta forma.
El hecho es que estas conversaciones, todos nosotros, los
humanos las podríamos tener. Pero por un poco de indolencia, por un poco de miedo o
de incredulidad, ¡las personas no lo hacen!
Recordad: “Pedid y se os dará”. Solo que las personas, en
general, cuando piden, lo hacen para obtener alguna cosa, no un dialogo.
La invitación, sin conduciros a una serie de alucinaciones
es probar. Después “sentir”. Las respuestas no llegan como palabras, sino con
signos, señales, imágenes o cualquier cosa que sea necesaria para interpretar
sin dar rienda suelta a nuestra imaginación o a nuestra esperanza que podría conducirnos
a creer aquello que al contrario no ha ocurrido nunca.
El amor incondicional lo ha enseñado El Cristo.
Tenemos que saber leer con atención todos los evangelios y
no solo aquellos aceptados por el catolicismo.
En ellos podrás encontrar las modalidades para hacer lo que he descrito.
En el Seminario “La conciencia Crística” he enseñado esta
modalidad, una lástima que solo 65 personas estaban presentes.
Hasta pronto
Pablo O. París.

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