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domingo, 1 de enero de 2012

El Intento

Podemos definir el  intento de muchas formas, pero la definición que más me gusta es esta: “el intento es la habilidad de ser causativo de forma consciente.”

Sin duda el ser humano es causal en su vida, hasta en los detalles… pero casi nunca lo es de forma consciente. Adquirir la habilidad de serlo conscientemente lo pone en la condición de elegir y decidir en cada momento lo que realmente quiere y obtenerlo.

En otras ocasiones he intentado explicar como el intento se diferencia de las  normales intenciones que cada persona se propone.

Las intenciones están generadas de la consideración de mas  puntos de referencia y puestas en acto a través de un pensamiento lógico. Cierto es que las intenciones ocupan un gran espacio en la consciencia de las personas, poniéndolas en frente a sí mismas y al mundo, de modo que ellas puedan determinar el propio comportamiento hasta llegar a la realización de un pensamiento pensado.

A  diferencia, el Intento, no se sirve de algún punto de referencia, pero  a través de la práctica y el entrenamiento, permite a la persona llegar a una meta establecida sirviéndose de  una energía ilimitada.

El “secreto” del intento esta en el hecho que, cuando expresado, no encuentra obstáculo debido a incertidumbres, Inseguridad, dudas, pero alineándose a la energía del intento absoluto que une la persona al objeto de atención.

Es entonces una línea directa entre la persona y lo que quiere.
En la  cultura de occidente hay una gran confusión entre lo que es correcto desear y lo que no lo es. Ya de los primeros años de vida al pequeño  hombre se le  enseña a tener  buenos propósitos y a realizarlos a través del  sacrificio. En este enfoque a la vida, el catolicísimo ha sido determinante.

Muchas personas  consideran que tener  un intento inflexible sea un esfuerzo o sacrificio, creyendo que eso sea parecido a un buen propósito. Por suerte no es así.  El intento es una energía libre, que se puede percibir y cualquiera puede utilizarla si conoce la metódica necesaria. No se necesita ningún sacrificio ya que es energía y existe independientemente del pensamiento del ser humano.

La habilidad en utilizar el intento consiste ante todo en saber percibir la propia energía y vehicularla.

A través de los buenos  propósitos o buenas intenciones la persona difícilmente consigue con naturaleza lo que se propone o quiere, ya que  propósitos o intenciones son casi siempre objeto de juicio. Si un propósito es considerado negativo según la moral adquirida, su destino es fracasar. Un ejemplo: “el miércoles quiero  ir a pasear por las praderas”. No hay de malo en esto; pero si miércoles es un día de trabajo, el sentimiento de culpabilidad que la persona puede vivir para no cumplir con su deber, se hace de obstáculo para satisfacer el propósito. Es verdad que un propósito no necesariamente tiene que ser realizado y se puede cambiar en cualquier momento, pero cuando se transforma en una intención, cambiarlo o anularlo es perder energía, caer en un estado de frustración y bajar la propia autoestima.

La tradición tolteca considera el intento una habilidad eficaz, a disposición del guerrero, para llegar a su meta. En este contexto ni se considera la moral o la ética, porque se considera que la vida misma del guerrero sea impecable en todo los aspectos.

Para que una persona pueda aplicar con satisfacción el arte del intento es imprescindible que la persona tenga claro sus objetivos. Un estado de confusión,  tener una  duda o una simple indecisión, será de obstáculo a la realización del intento.

He dicho, la realización del intento y no  realización de una meta a donde el intento se dirige.

Realizar el intento es la parte más compleja, llegar a la meta atreves del intento es la natural consecuencia.

Alinear el intento personal con el intento cósmico llega a ser muy simple si hay clara la metódica y la aplicación.

Pablo. O. Paris



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